¿La filosofía debe ser útil?

Por: Andrés Hurtado Pimienta.

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¿Debe el ejercicio filosófico tener un objetivo? ¿Quien decide hacer filosofía, debe hacerlo con un propósito en mente? ¿Se puede hacer filosofía sin propósito? 

Pensar en cuestiones como estas nos lleva a considerar diferentes tipos de posiciones. Unas opuestas de manera extrema y otras que buscan alguna reconciliación a partir de puntos intermedios. En esta ocasión vamos a explorar dos posiciones opuestas con la intención de evaluar sus tensiones y tratar de proponer una más que conviva con otras intermedias. La primera posición radical sostiene que todo pensamiento filosófico debe estar inspirado por un fin. La filosofía es un instrumento a partir del cual se pretende alcanzar un propósito. La actividad filosófica se realiza como medio para tratar de lograr algo específico. La segunda sostiene que la filosofía es una actividad natural del pensamiento humano. Es una actividad que no tiene porqué responder a una finalidad. Se puede hacer filosofía sin un propósito distinto a comprender. No es un instrumento, es una actividad propia de la naturaleza humana.

Al artículo tiene tres secciones. En la primera sección reconstruyo los dos argumentos que se contraponen: aquel que mira la filosofía desde la óptica utilitarista como un instrumento para lograr “x”; y su rival, aquel que mira la filosofía como una condición inherente a la naturaleza humana. En la segunda sección presento una propuesta alternativa que podría reconciliar ambas posiciones. La propuesta se fundamenta en los puntos en común que tienen Bertrand Russell, Ulises Moulines y, el comentarista y difusor argentino, el profesor Thomas Abraham. En la tercera sección argumento en favor de la idea de filosofía como saber inútil. Esta propuesta la tomo de algunas las ideas que presenta en sus programas de difusión el filósofo argentino Darío Sztajnszrajber.

El argumento que señala la filosofía como instrumento útil para lograr algún fin consiste en considerar que, al concebir el pensamiento como una relación entre ideas, vamos a encontrar que siempre que pensamos tenemos algo en mente. Ese algo son las ideas que entran en relación. Si además aceptamos que, a lo largo de la historia del pensamiento humano, la filosofía ha formulado preguntas con el propósito de buscar respuestas satisfactorias, entonces deberíamos concluir que la filosofía es un instrumento a través del cual utilizamos la facultad del pensamiento para mejorar la comprensión, de tal forma que sea posible formular respuestas a las preguntas que nos agobian.

El otro argumento señala la filosofía como una facultad natural del pensamiento independientemente de los propósitos que el pensador tenga. Se piensa porque está en la naturaleza del humano pensar. Es natural relacionar ideas y la utilidad es un tema secundario del razonamiento. Que sea útil o no para algún propósito es accesorio para la actividad del pensamiento filosófico. La evidencia que apoya esta idea se encuentra fácilmente en el ejercicio cotidiano: muchas veces estamos inmersos en pensamientos que son prácticamente inútiles. Además, es posible que no se llegue a ninguna conclusión, sin embargo, el tiempo y la energía del pensar se ha aplicado con interés, por el solo placer de reflexionar.

¿A cuál de los dos argumentos debería darle la razón?, ¿hay alguno que sea mejor que el otro?, ¿es posible encontrar un punto débil en alguno de ellos?, en definitiva, ¿hay algo más que se pueda decir al respecto? Decidí tratar de construir una respuesta para esas cuestiones uniendo algunas ideas de diferentes autores y a partir de ellas reconstruyo mi posición al respecto:

Al pensar sobre el valor que ofrece la filosofía, Bertrand Russell (1943) ataca la mal valoración que comúnmente se hace de ella al considerarla como una ocupación frívola, inocente e inútil. A diferencia de todos los otros saberes, la filosofía se caracteriza por ofrecer un efecto especial para los que se dedican a su estudio. Mientras las ciencias físicas, mediante sus soluciones sirven a quienes las practican y a quienes las usan; la filosofía, en cambio, tiene un impacto directo sobre quienes la estudian y solo indirecto en quienes aprenden de los primeros. Para entender cuál es el valor de la filosofía hay que retar los prejuicios del concepto de ser humano práctico. Aquel que solo reconoce necesidades materiales. El valor de la filosofía debe hallarse en los bienes del espíritu y solo quienes entienden esos bienes pueden concluir que estudiar la filosofía no es perder el tiempo. 

La filosofía aspira al conocimiento. De acuerdo con Russell, se espera de ella un tipo de conocimiento que nos de la unidad y el sistema del cuerpo de las ciencias que resulta del examen crítico del fundamento de nuestras convicciones, prejuicios y creencias. Sin embargo, no se puede sostener que la filosofía ofrezca respuestas concretas a esas cuestiones. Mientras en las ciencias hay respuestas, en la filosofía no lo es tan común. De hecho, cuando se haya alguna respuesta sólida, la materia en cuestión, se separa de la filosofía y empieza a producir su propia evolución conceptual. En este aspecto vale la pena señalar que en la manera como Russell define el tipo de conocimiento, lo hace centrado en la ciencia. Esta visión parece incompleta, dado que la filosofía tienes otras aplicaciones diferentes a las epistemológicas. Todo indica que Russell deja por fuera la filosofía que, por ejemplo, se hace sobre el ser humano. 

Para Russell el valor de la filosofía debe buscarse en su incertidumbre. El ser humano que no tiene afín con la filosofía corre el riesgo de ir por la vida prisionero de los prejuicios y las creencias habituales de su cultura o país. Para este tipo de persona, el mundo tiende a hacerse preciso, estable, cuadrado y predecible. En ese mundo todo lo extraño es mejor rechazarlo. Cuando se despierta en la mente el espíritu filosófico, nos encontramos en la extraña pero conmovedora situación donde aún los fenómenos más simples mantienen misterios sobre los cuales solo podemos dar respuestas incompletas. Al disminuir la certeza sobre lo que las cosas son, se amplía nuestro conocimiento de las opciones sobre lo que podrían ser. Esta situación nos sacude de la tiranía de la costumbre.

Ulises Moulines (1991), lleva un paso más adelante la caracterización de la filosofía. No solo reconoce la epistemología como un campo del saber esencial, sino que también reconoce la relevancia de otras facetas de la experiencia humana. Su perspectiva sostiene que la filosofía es el término genérico que usamos para mostrar algo que, desde hace 2500 años, hacen ciertos animales de sexo femenino y masculino llamados filósofos. Cuando nos preguntamos qué es lo que hacen estos individuos, cuando revisamos sus objetivos o sus procedimientos vemos que: 1) hacen de todo, 2) no existe un método específico para hacer filosofía y 3) las metas y los objetivos son tan variados como los campos de acción y los métodos. Para Moulines la filosofía es un cajón de sastre, que contiene toda clase de argumentos, sistemas, métodos, concepciones, tesis, resultados y fracasos. En ella, no existe nada parecido a la verdad: 

Para cada filósofo X que afirma mantener la única filosofía verdadera, existe un filósofo Y que considera las tesis de X irremediablemente falsas, mientras que un tercer filósofo Z sostiene la opinión de que el conflicto entre X y Y es un ejemplo claro de absurda pérdida de tiempo. Incluso ha ocurrido que X, Y y Z representan la misma persona en diferentes etapas de su vida. (Moulines, 1991, p.8)

La filosofía está predispuesta a cuestionar todo lo producido hasta el momento. Aún cuando han querido dominarla utilizando el poder y la fuerza política y económica; incluso cuando han tratado de uniformar el mercado de las ideas y reducir la pluralidad de contenidos, el pensamiento ha encontrado la manera de continuar con independencia.

¿El hecho de considerar la filosofía como un cajón de sastre en continua expansión no hace que caigamos en un relativismo? Para responder a esta cuestión Moulines usa la metáfora de la biología: La filosofía es como una jungla. Es un ecosistema habitado por pensadores que pueden recorrer infinidad de caminos. Todos los caminos son diferentes. El riesgo de caer en un relativismo se evita cuando nos hacemos conscientes de que para hacer filosofía hay que tomar una decisión crucial: ¿Cuál es tu objetivo? ¿Para dónde vas? Nadie está obligado a hacer filosofía. Y todo el que quiera hacerla debería tener claro su objetivo. Una vez se tiene la dirección, entonces se empiezan a aclarar los caminos posibles. 

Esa diversidad nos lleva a tener que aprender a convivir con diferentes motivaciones. Esto es pluralismo. No relativismo. El relativismo niega la existencia de criterios que nos permitan evaluar de manera objetiva, distintas posiciones en la reflexión filosófica. Niega la crítica y niega que deba haber colisiones de aquellas posiciones que están en contra. Su posición ante lo diferente es del tipo: esto es lo que yo creo, crea usted lo que desee. El pluralismo permite la discusión crítica. Acepta múltiples formas de pensamiento, pero también acepta que debe haber criterios para evaluarlas. El pluralismo es una concepción que niega que exista un único sistema de creencias o un método único para el desarrollo del conocimiento humano. No hay un solo camino para hacer filosofía. Hay muchos caminos. La única condición es que se debe tener claro el objetivo. Luego es posible elegir el camino. Esta es una concepción pluralista, no relativista de la filosofía. Hace que dispongamos de criterios para evaluar el paisaje filosófico en relación con la meta que tenemos.

En el caso del profesor Thomas Abraham (2015) encontramos en su discurso una guía práctica, concreta y clara acerca de cómo emprender el recorrido al interior de este ecosistema filosófico. Se trata del reto académico individual que la persona asume cuando decide ser más cuidadoso a la hora de pensar, de argumentar y de comunicarse. Estas ideas parecen un complemento adecuado para la caracterización que llevamos del trabajo filosófico:

La filosofía es un trabajo individual. Requiere de lectura. De una gran afición por leer.  El trabajo de pensamiento es un trabajo de inspiración. Consiste en tomar el pensamiento de otro para luego pensar por sí mismo.  Lleva tiempo, compromiso y constancia. Ese placer requiere esfuerzo. No se trata de saberlo todo. Se trata de encontrar un camino propio. Ser moderno implica tener que pensar en la historia. La historia de la filosofía está viva por todos los que la leemos.  La filosofía crea problemas donde no los hay. Es una interpelación al saber. Nos ocupa, nos preocupa, tiene que ver con la agitación mental, con el movimiento. (Abraham, 2015)

Desde que una persona nace está expuesta a diferentes saberes. Nacemos al interior de una red de creencias y de autoridades que nos forman: el cura, el maestro, policía, el padre, la madre, la televisión. Nos socializamos a través de un cuerpo de saberes. Esos saberes circulan a través de voceros. Entonces, ¿para qué sirve la filosofía? La filosofía sirve para ponernos a estudiar. Es una manera de mantenernos activos siempre. Cada uno se hace cargo de su proceso y define qué hacer con él.  Podría decidir aplicarlo en el trabajo o en su vida personal. O a lo mejor no hace nada con él. 

La posibilidad de disolver argumentos es muy importante para la humanidad porque continuamente estamos bombardeados. Recibimos argumentos. Recibimos información de todos los frentes: el cura, el papá, la mamá, esposa. Recibimos la información masticada. ¿En qué creer? La filosofía es la disolución del argumento del otro que viene armado con la autoridad de un sistema de creencias. Disuelvo su argumento para poder pensar. Si todo está lleno, tengo que disolverlo. El vigor de la filosofía es que nos permite agudizar la mente con la argumentación. Construir argumentos. Eso es todo. Argumentar es un modo de expresión. No es un talento, se aprende.

Para finalizar, un intento, a manera de ejemplo, sobre cómo disolver una creencia central de nuestro sistema de social:

La filosofía como saber inútil

En nuestra cultura hemos hecho de la utilidad un valor supremo. Construimos la interacción con diferentes entidades de la realidad a partir de la utilidad que nos ofrece. ¿Será posible suspender ese valor de utilidad que tienen las cosas?, ¿puedo abordar un objeto sin el valor de lo útil? Después de todo, no es lo mismo utilidad que verdad. Darío Sztajnszrajber (2013) sostiene que si es posible. Podemos desnaturalizar lo útil. Podemos pensar la realidad desde la noción de que la utilidad no está empotrada en la cosa. Este es el tipo de desacomodamiento que es la base de la filosofía. Pensar de esta manera nos pone en una nueva relación con el objeto. Nos pone frente a las cosas y nos exige construir nuevos sentidos. 

El arte es un saber inútil. Esta expresión original de Oscar Wilde se aplica a la filosofía. Porque la filosofía tiene mucho de arte. Conmueve, moviliza, zamarrea, busca desde la razón exceder a la razón, busca trascender. Si la acción de la filosofía implica una búsqueda interminable, búsqueda de fundamentos que son abismales y cambiantes, ¿no la hace un saber inútil?

Para Darío la filosofía es una forma de pensar que tiene justamente como objetivo la interrupción de la faceta utilitaria de todo fenómeno, acción o entidad. Cuestiona el monopolio del utilitarismo. Cuestiona que todo tenga que servir para algo, para alguien. Se propone la inutilidad como valor. Si eso es un hecho, ¿no sería un saber inútil? El trabajo filosófico es un trabajo intelectual que desde el análisis crítico busca señalar cierta impotencia en el funcionamiento de las cosas. Se interrumpe la obviedad del funcionamiento. Muestra la posibilidad que existe para que el funcionamiento pueda ser diferente. Rompe con el criterio de utilidad que consiste en garantizar la ganancia. La ganancia entendida desde la expansión del yo. Al expandir el yo nos priva de la conexión con la diferencia. El paradigma de la utilidad no alcanza para cubrir la labor de la filosofía. En filosofía se gana cuando se pierde y se pierde cuando se cree que se gana. Es un saber inútil porque se cuestiona que todo tenga que ser útil, cuestiona el principio de utilidad como valor dominante de todos nuestros actos. 

Está bien, no se pueden hacer cosas inútiles, porque la utilidad es un valor de la cultura. Pero si se puede cuestionar. Descentrar la utilidad como valor primario. Abrir otras posibilidades, debilitar esa noción utilitarista de nuestra cultura. Una cosa es el monopolio de lo útil y otra cosa es vivir tratando de que lo útil no nos monopolice la existencia.

En la realidad, nos encontramos frente a todo un orden naturalizado que se nos presenta como una unidad. Pero esa unidad tiene fisuras y esas fisuras representan el campo de acción para la filosofía. No puedo Salir de la utilidad, pero puedo inutilizarla y vivir en la constante tensión entre lo útil y lo inútil. Si se puede quitarle algo de peso, si se puede reflexionar y construir una relación diferente con las cosas, entonces se hace filosofía. En este ejemplo, la filosofía puede quitarle peso a la utilidad. Mucho de la filosofía se juega en ese quitar peso. 

Conclusión

En el ecosistema filosófico hay tantos caminos como corrientes filosóficas. Para algunos la filosofía puede ser un medio para lograr “x”, para otros puede ser una condición natural del pensamiento humano. Eso está bien. La pregunta central es: ¿Cuál el objetivo que se persigue al ejercer la filosofía? Dependiendo de esta respuesta es posible escapar del relativismo y elegir aquellos caminos que mejor te ayuden a mantener la mente en el sano movimiento que el pensamiento filosófico exige.

La filosofía es un tipo de pensamiento a través del cual, quien practica, cultiva su espíritu. En ese proceso se buscan, continuamente, las fisuras de la totalidad para desestabilizar el orden del sistema de creencias que está impuesto por algún poder. De esa manera se construyen nuevas y posiblemente mejores formas de interacción con la totalidad.

Referentes bibliográficos

Moulines, U. (1991). Pluralismo y Recursión. Madrid: Alianza.

Russell, B. (1943). Los Problemas de la Filosofía. 

Abraham, T. (2015, Noviembre 12). Historia de la Filosofía – Facultad Libre Rizoma. Retrieved from YouTube: https://youtu.be/gJ5UQKDeNLM?list=PLGDZQYren6SUOm-enfe5KgRmgpyxi8vFE

Sztajnszrajber, D. (2013). ¿Para qué sirve la filosofía? Buenos Aires: Planeta.

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